LA ENFERMEDAD MENTAL COMO ESPEJO SOCIAL - Cristina Rodriguez Cahill Psicóloga
16442
post-template-default,single,single-post,postid-16442,single-format-standard,bridge-core-2.0.3,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-theme-ver-19.1,qode-theme-bridge,disabled_footer_bottom,wpb-js-composer js-comp-ver-6.0.5,vc_responsive
 

LA ENFERMEDAD MENTAL COMO ESPEJO SOCIAL

LA ENFERMEDAD MENTAL COMO ESPEJO SOCIAL

PELÍCULA: JOKER (Todd Phillips, 2019)

DISPONIBLE EN: CINES, MOVISTAR +

¡AVISO: PUEDE CONTENER SPOILERS!

“Lo peor de tener una enfermedad mental es que la gente espera que te comportes como si no la tuvieras”    

Joker

Ha sido una grata sorpresa ver que esta nueva película sobre el archivillano más icónico de Batman, en realidad, trata de la enfermedad mental y su relación con nuestra sociedad. El oscarizado Joaquin Phoenix realiza una brillante interpretación de Arthur Fleck, una persona que trabaja de payaso y sufre una grave patología mental. El protagonista vive invisible frente al mundo y al convertirse en Joker, el payaso asesino, encuentra su lugar en la deshumanizada sociedad de Gotham. Este filme nos plantea las siguientes cuestiones:

¿Perdemos la cordura o vivimos en una sociedad que nos la anula? ¿Qué impacto está teniendo la sociedad actual en el afloramiento de algunas enfermedades mentales?

¿Qué respuesta social estamos dando a las personas que las sufren?

¿Qué sentido tiene la violencia de este personaje?

La enfermedad mental como espejo social

La película de Joker (2019) del director Todd Philips es una profunda crítica social que además, toca de lleno el tema del trato que reciben las personas que sufren una enfermedad mental. La cinta nos acerca al sufrimiento de un antihéroe con un trastorno mental y cómo, frente a su insoportable dolor psíquico, termina adentrándose en el camino de la violencia. El gran logro del director es hacernos empatizar con este frágil personaje hasta el punto de comprender, que no justificar, sus violentas reacciones tras sufrir una sucesión de crueles agresiones. Algunas personas critican que Joker glorifica la violencia, yo no puedo estar menos de acuerdo con esta afirmación. Por el contrario, considero que la intención del director es plantear la violencia como un síntoma social con toda su función expresiva que nos pone en evidencia las fracturas de nuestra deshumanizada sociedad. El reconocido filósofo francés Gilles Lipovetsky califica nuestra sociedad de hipermoderna, caracterizada por una radicalización de las características sociales posmodernas: hiperindividualismo, hipernarcisismo e hiperconsumismo. En una sociedad de estas características no es de extrañar que los miembros más vulnerables sean ninguneados, marginados y hasta agredidos, como le ocurre a Arthur.

El inicio del filme nos da algunas claves de la intención del director. En la primera escena, una voz en la radio habla de las condiciones intransitables en las que se encuentra la ciudad que sufre una huelga de basuras agudizadas por un calor canicular. Arthur, trata de poner una nota de humanidad y anima la ciudad vestido de payaso con un cartel que dice “Everything must go”. Mientras trabaja, recibe de un grupo de vándalos una brutal paliza.

Este estremecedor comienzo nos conduce a una escena clave, la de Arthur en el despacho de la trabajadora social. Será la primera vez que el espectador presencie la inquietante risa de Arthur que habla por sí misma. En su magistral actuación, Joaquin Phoenix es capaz de transmitir todo el sufrimiento constreñido y ahogado en una inadecuada y ahogada risa. Para Arthur posiblemente, conectar con su dolor interno supone una amenaza de derrumbe psíquico. Acto seguido nuestro protagonista le pregunta a la profesional de salud mental; “¿Soy yo o se está poniendo todo muy loco ahí fuera?”, a lo que ella asiente; “Sí, son tiempos duros”. Aquí tenemos la principal hipótesis del director: la locura de Arthur está enraizada en la locura social.

Sobre la violencia de Joker

Podemos ir un poco más lejos al afirmar que Todd Philips trata la violencia de Joker como un emergente social, razón por la cual los asesinatos de este peculiar payaso terminan convirtiéndose en un descontrolado movimiento social. La parte de la sociedad más desfavorecida se identifica y solidariza con este payaso asesino. Robert Merton, un reconocido psicólogo social, ya afirmó en su “Teoría de la anomia” que una estructura social sin normas equitativas para todos genera comportamientos marginales debido a sus contradicciones internas. Merton planteaba que la distancia entre las metas propuestas por la sociedad y los medios legítimos para obtenerlas, cuando no están al alcance de todos, hace que algunas personas busquen vías ilegítimas para conseguirlas. Lo que el protagonista de nuestra película más anhela es sentirse visto, reconocido, sentirse alguien para otro. Así lo escribe en su diario.

Arthur llega inicialmente a la violencia de una forma fortuita pero descubre que esta experiencia, por primera vez en su vida, le empodera y, no solo le saca del más absoluto anonimato, sino que le convierte en protagonista. Este es el momento en el que Arthur deja de ser víctima y adquiere la identidad de Joker. El protagonista explica bien esta transformación, le han agredido y denigrado tanto que “no tiene nada que perder”.

En esta misma línea, el psiquiatra Luis Rojas Marcos afirma en su libro “Las semillas de la violencia” que las minorías desfavorecidas son como espejos en los que se proyectan las aberraciones y los fracasos de la sociedad, llegando a afirmar que este trágico desplazamiento de culpa es un peligroso exorcismo que terminará pagándose con más violencia. Así sucede en la película de Joker.

El perfil psicológico de Joker

El gran mérito del director es que consigue sumergirnos de lleno en la tensión psicológica que supone la vida para Arthur. Víctima desde su más tierna infancia, criado por una madre adoptiva con severos problemas mentales, maltratado brutalmente por la pareja de ésta y abandonado por sus padres, Arthur sobrevive haciendo suyo el mandato materno de “ser feliz” y hacer reír a la gente.

Su yo, profundamente traumatizado, asume la pseudo-identidad de Happy”, apodo cariñoso que le pone su madre y que le revela el deseo de su madre, una mujer deprimida, dependiente y frágil. Arthur llegará a convertir este deseo materno en su profesión.

Pero expliquemos qué es una “pseudoidentidad”. Los psicólogos definimos la identidad como la percepción que tenemos de nosotros mismos y la consistencia de esa imagen. Un “falso self” o una “pseudo identidad” implica un autoconcepto no real de nosotros mismos que se origina como consecuencia de experiencias de maltrato o negligencia profundas. Arthur se defiende de sus experiencias traumáticas creando una falsa identidad; “Happy” el payaso.

El punto de inflexión en la trama de la película sucede tras el despido laboral de Arthur, que supone la pérdida de su rol de payaso, y un cúmulo de crueles acontecimientos retraumatizantes que confrontan su frágil identidad. Frente al inminente derrumbe psíquico o una posible locura encuentra otra identidad que sostiene su dañada estructura psíquica. El director, quien hace uso de numerosas metáforas, visualiza esto en la escena en que Arthur golpea su cabeza contra un cristal rompiéndolo. En este momento, “Happy,” esa identidad postiza que le permitía sobrevivir, ya no puede seguir cumpliendo su función y nace Joker, un nuevo amarre identitario para Arthur.

 El “payaso asesino” nace como un salvavidas narcisista que rescata a Arthur de la locura, en definitiva, del derrumbe identitario. La transformación del dolor en cólera y en odio vengador es el acontecimiento central de la aparición de su nueva identidad. En esta metamorfosis, se crea una relación entre un “sí mismo” en grave peligro psíquico y una sociedad odiada a la que se busca controlar a través de la violencia y la destrucción.

Bajo mi punto de vista, las características identitarias nucleares de Arthur no son las de una personalidad psicopática pero termina constituyendo un self grandioso antisocial como defensa frente a la amenaza de su propia destrucción psíquica debido a las continuas agresiones recibidas por un contexto social violento y cruel. La violencia de Joker nace como respuesta a una violencia estructural.

La enfermedad mental en nuestra sociedad

Las personas que sufren una enfermedad mental son mostradas en esta película como invisibles y negligidas por una sociedad cada vez más insensible, individualista y agresiva. Como escribe Arthur en su cuaderno, la deshumanización de las personas que sufren un trastorno mental implica la negación básica de su condición. Así también verbaliza la trabajadora de Servicios Sociales que atiende a Arthur, cuando le comunica que no puede seguir atendiéndole por recortes en el sistema; “No les importas una mierda tú, ni les importo una mierda yo”. Esta es, sin duda, otra de las críticas sociales del director; ¿qué hace el sistema con las personas que sufren una enfermedad mental? Nos responde; ni nos interesan ni les escuchamos. Todd Phillips critica la negligencia y el maltrato por parte del Estado y de todos los miembros de la sociedad a estas personas. Definitivamente, Joker es la película actual más crítica sobre salud mental que he visto recientemente.

El único riesgo que veo en esta película es la habitual asociación que se hace en el cine entre la enfermedad mental y la violencia, vínculo que no responde a la realidad. Por el contrario, estudios sobre el tema indican que las personas que sufren trastornos mentales suelen ser víctimas más que agresores. Es más, los grupos sociales más desfavorecidos, como sería el caso de las personas que sufren una enfermedad mental, son el chivo expiatorio del momento histórico, viéndose obligados a aceptar la culpa de los problemas sociales del momento, ya sea el crimen, la violencia, la droga o el déficit de fondos públicos.

En conclusión, Joker es una película impactante, incómoda y psicológicamente perturbadora. La humanización de este antihéroe nos acerca a algunas de las agresiones y sufrimientos con los que lidian algunas personas con un trastorno mental y cómo la construcción de una identidad antisocial es un camino posible para lidiar con todo ese sufrimiento.

En una sociedad en la que se nos exige ser felices y se nos ofrecen falsos caminos para ello, lo que verdaderamente ayuda a las personas que sufren es poder ser vistas en su condición, escuchadas en su dolor y atendidas en sus necesidades. La felicidad no es una actitud o estado que nos evita los sufrimientos en la vida, éste es el gran engaño de la posmodernidad. Lo que en mi opinión más se acerca a la felicidad, es poder vivir una vida auténtica, asumiendo el dolor que muchas veces implica estar vivo, y que nuestra forma de relacionarnos siempre dignifique al otro, cualquiera que sea su condición.




Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies