encontrando la propia voz - Cristina Rodriguez Cahill Psicóloga
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encontrando la propia voz

encontrando la propia voz

SERIE: “UNORTHODOX” (POCO ORTODOXO)

(Schrader, M., 2020)

     “No te apresures en la adaptación, guarda siempre reservas de inadaptación.”  

(Henri Michaux)

Admiración, horror y fascinación. Estas son las tres emociones que me deja una de las series más interesantes que podemos encontrar en Netflix estos días de confinamiento, una miniserie de cuatro episodios llamada “Unorthodox”. Dirigida y realizada por tres mujeres, narra la historia de una joven de 19 años que decide huir de una asfixiante comunidad judía ultraortodoxa en Williamsburg (Brooklyn). 

Dos aspectos de la serie me engancharon desde el principio: el fiel retrato de las costumbres a las que se someten los judíos ultraortodoxos de esta comunidad y el valiente proceso de rechazo y emancipación de la protagonista de sus raíces jasídicas. De hecho, la historia desarrolla estas dos vías narrativas: una sigue los pasos de Esty en su huida a Berlín a modo de thriller de espías y la otra, a través de flashbacks, nos adentra en su encorsetada vida en la comunidad Satmar.

La historia está inspirada en el libro autobiográfico de Deborah Feldman “Unorthodox: The scandalous rejection of my hasidic roots”. La autora, la verdadera protagonista de esta historia, me despierta una profunda admiración. Pasó de ser una mujer bajo el yugo de estrictas restricciones sociales y religiosas, a convertirse en dueña de su destino. Aunque la serie es una interpretación libre de la verdadera biografía de Deborah, especialmente la parte de la historia que transcurre en Berlín, su esencia sigue siendo inspiradora. Deborah fue capaz de liberarse del sometimiento de una de las comunidades judías más cerradas, encontrar su propia voz y ser su propia brújula en la vida.

Esta producción estadounidense-alemana está creando un gran interés y debate en torno a la comunidad jasídica y su necesidad de cambio. En este artículo me gustaría hipotetizar sobre el sentido psicológico de la rigidez y el aislamiento de estos judíos ultraortodoxos. A su vez, propongo un ejercicio reflexivo al lector que busca trasladarnos de la crítica de lo ajeno al autoconocimiento. 

El trauma comunitario

 Algo fascinante de “Unorthodox” es que parece una película de época. Refleja con escrupuloso detalle y, de forma casi reverencial, las costumbres y rituales de este grupo de judíos. En este sentido, cabe mencionar que es la primera serie rodada en yiddish, idioma natal de esta comunidad. Además, casi todo el reparto es ignoto, mayoritariamente de origen israelí, incluso algún actor se crió en una comunidad Satmar, como es el caso del actor Jeff Wilbusch que da vida a Moishe.  

A su vez, la constreñida cultura ultraortodoxa es cuestionada a través de la protagonista y de su nueva vida en un Berlín moderno y liberal. Lo que es innegable es que la serie despierta nuestra curiosidad sobre este mundo tan ajeno a nosotros pero tan cercano. ¿Al servicio de qué está este estilo de vida? Esta pregunta me hizo indagar más sobre ellos. 

La comunidad Satmar es un grupo de judíos de origen húngaro, descendientes en su mayoría de supervivientes del Holocausto que se asentaron en Nueva York después de la Segunda Guerra Mundial. Este grupo de judíos ha ido creciendo desde entonces hasta convertirse en el mayor grupo jasídico de los Estados Unidos.

Uno de los aspectos más interesantes de la historia es que Esther huye a Alemania, el lugar que dio origen al trauma que sufrió su propia comunidad. En opinión de la autora del libro en el que se basa la serie, este trauma es el motor de la rigidez de sus estructuras ideológicas, especialmente en los judíos de la primera y segunda generación. El genocidio perpetrado por los nazis fue vivido por los fundadores de este grupo como un castigo divino por no preservar mejor sus tradiciones. Por lo tanto, podemos pensar que el radicalismo cumple una función grupal protectora y, tal vez, esta interpretación del Holocausto les permite gestionar “la culpa del superviviente”. Lo rígido es ese lugar regresivo que ofrece una ilusión de seguridad frente a un amenazante exterior. Así, el vuelco de los miembros de la comunidad en normativo les permite la supervivencia identitaria como grupo.

Los judíos de la comunidad Satmar han creado un mundo cerrado con una opresora organización social que propicia los fenomenos de regresión y el pensamiento mágico, con el objetivo de conseguir la dilución del individuo en la identidad grupal. De esta forma, la pertenencia se convierte en un fundamentalismo y el grupo opera como “salvador colectivo” de sus miembros, quienes renuncian a su independencia. La salvación de los judíos se plantea como pueblo, es decir, que depende de que todos permanezcan fieles y respondan a Dios en conjunto, cumpliendo sus mandatos. La ley, la Torah, es el vehículo para la redención y todos son corresponsables. Cabe señalar que las mujeres no tienen papel en la salvación, únicamente contribuyen a la de los padres, hermanos, maridos e hijos.

La comunidad Satmar vive en una burbuja que preserva su identidad social. Este hermético aislamiento parece ser la respuesta de los miembros de esta comunidad al innombrable trauma sufrido, la manera que han encontrado de sobrellevar el dolor y dotarle de sentido. Aquí adquiere su mayor sentido la concepción de Freud, descrito en su libro “Totem y Tabú” (1913), de la religión como “neurosis colectiva”. 

Una de las escenas simbólicas más impactantes de la serie es aquella en la que Esty va con sus amigos al lago situado delante de la mansión donde tuvo lugar la conferencia de Wannsee, responsable de la planificación del exterminio de los judíos. Esty cuestiona a sus amigos preguntándoles cómo pueden bañarse ahí. El espectador se siente interpelado por esta pregunta. Sin embargo, en un acto casi de bautismo a una nueva vida, nuestra protagonista disfruta de un liberador baño donde termina quitándose la peluca de su cabeza. Un acto de redención del pasado, tanto de su propia historia de opresión como del trauma vivido por su comunidad. 

Mujeres, doblemente víctimas 

En la primera escena Esty, interpretada por una majestuosa Shira Haas, recoge con premura algo de dinero escondido, unos documentos y una foto para emprender el viaje de huida a Berlín, ciudad a la que su madre había escapado años atrás. La protagonista vive con su marido, Yanky, y de este matrimonio concertado se espera que Esty le de descendencia a la comunidad, pero la sofocante presión a la que es sometida empuja a nuestra protagonista a comenzar una nueva vida desde cero, sin educación o preparación alguna.

Unorthodox” nos muestra la durísima realidad en la cual viven las mujeres de estas comunidades, donde el patriarcado adquiere su versión más cruda y descarnada. Las mujeres Satmar son sometidas a rituales y tradiciones que desvelan un sistema patriarcal de valores basados en el miedo, la culpa, la vergüenza y la ignorancia. Las mujeres deben raparse el pelo, llevar pelucas o pañuelos, no pueden ver la televisión o leer libros sin el permiso explícito de sus maridos y no pueden cantar en público.

En estas sociedades, la mujer es reducida a su funición reproductiva y debe someterse buscando complacer a su marido. La procreación es uno de los principales objetivos de estas comunidades, para compensar los seis millones de asesinatos de judíos durante el Holocausto. 

La identidad femenina es reprimida y diluida en lo comunitario al servicio de la perpetuación de un feroz patriarcado donde la “educación religiosa” se utiliza como herramienta de opresión hacia el individuo, y especialmente hacia la mujer.  

En este contexto, el valiente y drástico proceso de liberación femenina de la autora me resulta admirable. Esta serie ha inspirado a otras mujeres a escribir su propio relato de huida de alguna comunidad ultraortodoxa, aportando testimonios que complejizan la comprensión de este paso. Según cuenta un artículo de El País, la periodista Chava Gourarie, quien también dejó su comunidad atrás para empezar una nueva vida, señala que renunciar a los propios orígenes es un proceso mucho más complicado y difícil de lo que vemos en la serie. Es cierto que esta es una de las críticas que podemos hacerle a esta serie. La nueva vida mostrada en Berlín es poco creíble pues está exenta de aspectos negativos y la adaptación es excesivamente rápida. La serie muestra este proceso como una elección maniquea, con una falsa dicotomía entre pasado y futuro. 

Nuestra esencia en los cuatro protagonistas

Como señala Deborah Feldman, en el making up “Cómo se hizo Unorthodox”, esta historia no solo narra la vida de una comunidad de judíos ultraortodoxos sino que, la esencia de lo que ocurre es universal, razón por la que esta serie conecta de lleno con el espectador. Las experiencias de sus protagonistas son cercanas y con riqueza de matices. Los personajes principales son mostrados sin juzgarlos, lo cual nos permite entender sus puntos de vista. 

Viendo esta serie resulta fácil quedarse en la mera crítica morbosa de esta comunidad. Situarse en una posición superior pensando “eso no me pasa a mí”. Habitualmente nos identificamos solo con un personaje, por supuesto, con aquel con aspectos más positivos, dejando de lado nuestros aspectos difíciles. Esto nos quita riqueza a la hora de conocernos. Me atrevería a decir que en cada uno de nosotros habita una Esty, pero también un Jankie (el marido), una Leah (la madre) y hasta un Moishe (el primo). 

Los cuatro protagonistas principales reflejan diferentes posiciones que adquirimos durante nuestra maduración como personas o en diferentes mometos de nuestras vidas. El marido de Esty representa el sometimiento y aceptación de lo cultural sin cuestionamiento. El primo, Moishe, encarna la rebeldía y el libertinaje que busca el propio disfrute. Esty, por su parte, es una persona atrapada entre dos mundos, en permanente conflicto por encontrar su identidad que sufre porque está realizando un proceso de autoconocimiento y de crecimiento personal. Por último, la madre de Esty simbolizaría la madurez, la capacidad de llevar la vida que uno quiere asumiendo las renuncias que conlleva. 

Todos nos sometemos dado que es necesario para convivir en sociedad. Pongamos un ejemplo sano de nuestra situación actual con la COVID-19. Por el bien de la salud pública necesitamos someternos a estrictas normas de convivencia. Otro ejemplo podría ser el sometimiento inconsciente a una sociedad consumo o a la presión sentida por muchas mujeres por tener pareja o hijos, porque si no se sentirán incompletas. Nos rebelamos porque es constitutivo, muchas veces hasta sano. Es una actitud que permite nuestro crecimiento aunque no siempre conduce a la maduración, como vemos con Moishe, quien ha constituido su identidad alrededor de la rebeldía. La adolescencia es reflejo de lo necesario de esta actitud en nuestra vida. Rebelarnos ante nuestros padres nos permite separarnos de ellos. 

Finalmente, la madurez la adquirimos gracias al sufrimiento que nos trae lidiar con nuestros propios conflictos. En el desarrollo de nuestra identidad, tras buscar nuestro lugar en el mundo y conseguir nuestra propia voz, podemos disfrutamos de ser quienes somos. Es entonces cuando vivimos conectados con nuestra propia esencia. 

Cuando te rigidificas en una posición para protegerte del exterior, consigues seguridad a costa de la espontaneidad. Esto mismo le ocurre a la comunidad Satmar que se encuentra sometida bajo el yugo de sus propias normas. Pero esto también nos puede pasar a nosotros. De hecho, suele ser un motivo de consulta de muchas personas que buscan hacer terapia. Muchos clientes sienten que viven una vida que no quieren, se sienten excesivamente sometidos o en continua rebeldía con dificultades para adaptarse. La terapia nos ayuda a encontrar nuestro lugar, a escuchar nuestra propia voz, como hizo Esty. 

Cuando consigues integrar y aceptar dentro de ti todas estas posiciones vitales, resulta fácil dar respuestas creativas ante las contingencias de la vida. 

Os animo a explorar vuestras propias posiciones. Para mí ha sido muy interesante esta reflexión para conocerme mejor. 

¿Qué posición es más frecuente que adquiráis? ¿y la más infrecuente?

¿Hay alguna posición en la que tendáis a quedaros rígidamente?

¿Identificáis todas las posiciones en diferentes aspectos de vuestra personalidad o de vuestra vida?

¿Qué te ayudaría a encontrar tu propia voz?



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